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Divague: Revista de ensayo literario | Y con la ciencia ficción: la familia

Y con la ciencia ficción: la familia

 Diario de Cine

Por: Guillermo Nuñez

7.VI. 2016

Ay querido diario, vi una película donde un avejentado Arnold Schwarzenegger se obstina en dispararle a cuerpos humanos al ritmo de frases ingeniosas. Confieso también que vi una cinta de Rodrigo Cortés, Luces rojas (2012), que fue como no ver nada. Y consigno aquí, apenado, que sometí mi cerebro a la secuela de Zoolander y que incluso reí, ¿pero con desesperación? ¿Con angustia? No lo sé pero era el eco de otra risa, de otra película, de otra tarde desperdiciada frente a una pantalla.

¿Pero qué es esto? ¿El buen y viejo humanismo? Lamento decirlo pero debemos reconocerlo, ya renquea, ese viejo ismo: ahí está, alegre, en la nueva película de Sorrentino, Youth (2015), con sus referencias tanto a La montaña mágica como a Muerte en Venecia. ¿Con qué discurso nos habría agasajado Thomas Mann, de haberse enterado? ¿Lo habríamos escuchado? ¿Nos habría importado? Qué poco peso, el del humor, el del arte.

Dios, el tedio.

 16.VI. 2016

Vi The Brothers Grimm (2005) de Terry Gilliam hace unos días, a través de Netflix. Recuerdo que no quise verla en el cine cuando se estrenó. Tal vez por eso me sorprenda que, como el resto de las películas de Gilliam, haya envejecido bien (si bien sólo tiene once años de haberse estrenado, tal vez porque mantiene al mínimo el uso de imágenes generadas por computadoras). Al margen del placer de volver a ver al malogrado Heath Ledger, noté que disfruté la película especialmente por las obsesiones de Gilliam, o sus estrategias, más bien; a saber, los paneos breves donde se alcanza a vislumbrar un universo barroco e inconmensurable (en Brothers Grimm se alcanza a notar una producción menos esforzada, pero es sorprendente lo mucho que puede lograr Gilliam con pocos elementos; tal vez eso sea su principal atractivo: hay una farsa constante, como si se insistiera en que lo que vemos es ficticio pero, por lo tanto, más impresionante; temáticamente este filme también subraya la cuestión).

¿No es impresionante lo mucho que uno puede decir sobre una película sin tener un título, en digamos, cinematografía o ciencias de la comunicación? Francamente, ¿a qué aspira uno cuando escribe estas cosas?

Tampoco lo sé pero anoche vi The Conjuring 2 (El conjuro 2) de James Wan. La vi en el cine con unos amigos. Había olvidado lo pronto que el público pierde el pudor en mor de la camaradería, cuando se enfrenta a una película de horror (y en ese sentido, la fugaz comunidad que se materializa en una sala de cine). Me divertí mucho.

18.VI. 2016

Vi Leyenda (1985) de Ridley Scott, una película en la que puede apreciarse, a distancia, el gran trabajo de ortodoncia en el que se invirtió para arreglar el rostro de Tom Cruise. La película es sorprendentemente cursi aunque ya entonces se podía apreciar la dedicación que le ponía Scott a sus producciones. El unicornio que aparece en esa cinta, ¿es el mismo con el que soñaría Deckard en Blade Runner?

También vi Two Faces of January (2014) una adaptación de una novela de Patricia Highsmith dirigida por Hossein Amini, siguiendo de cerca la batuta de El talentoso Sr. Ripley (1999, de Anthony Mingella). Como aquella, ésta se ambienta a mediados del siglo pasado y se concentra, también, en la vida de exiliados. Diré esto: está entretenida.

Volví a ver Super 8 (2011), de J.J. Abrams, una de las películas que dieron el pitido de salida para volver a las narrativas y clichés de los ochenta, supuestos homenajes que, más bien, parecen regodearse en la nostalgia redituable (el próximo mes, por Netflix, se estrena Stranger Things, de los hermanos Duffer, con el mismo espíritu). Algo interesante de estas narrativas redivivas es la forma en que también resucitan un viejo trauma: el de la familia disfuncional. De nueva cuenta el divorcio o la muerte prematura o violenta de un familiar reaparecen como tragedias y motivos. ¿No casa esto, de alguna forma, con el ánimo de los grupos conservadores que cada tanto invocan al fantasma que, supuestamente, ataca a la “familia tradicional”? Es como si volviéramos a escuchar una vieja y conocida voz que nos susurra en la oscuridad: “…la familia es la base de la sociedad…”

 19.VI. 2016.

Anoche vi The Congress (2013) de Ari Foldman (quien en 2008 estrenó la notable Vals con Bashir). La cinta está inspirada en una novela de Stanislaw Lem. El resultado es una atmósfera que evoca Motorman de David Ohle (aunque con algunos ecos a S1m0ne, 2002, de Andrew Niccol). Una película de ciencia ficción en toda forma: imaginativa, estimulante y entretenida.

 20.VI. 2016Super_8_movie_image-22

Vi Super (2010) de James Gunn, una fantasía masculina que caricaturiza una política de derecha: aniquilar los estragos de las adicciones a través de ciudadanos que toman las armas. Es decir: tratar a la enfermedad como si fuera una guerra santa. Últimamente, excepto por The Congress (y eso con sus bemoles) sólo veo gringadas.

26.VI. 2016

Vi Encuentros cercanos del tercer tipo (1977) una vez más y confirmé que la preocupación principal de la cinta es la familia pero a diferencia del trabajo posterior de Spielberg en la ciencia ficción (especialmente en E.T. pero también en Parque Jurásico y La guerra de los mundos) de este filme aún puede decirse que hay una ambivalencia respecto a la familia. Richard Dreyfuss interpreta a un hombre caracterizado más por la obsesión que por ser un pater-familias, dispuesto no sólo a abandonar a su familia sino, incluso, a su amante. La presencia de Truffaut es doblemente significativa: se trata del cineasta que siempre estuvo en búsqueda de un padre. Cabe preguntarse si es una cinta auténticamente adulta, en el sentido de si es rebelde (decidida a darle la espalda a la procreación) o si, como se sugiere en sus momentos más cursis, sólo es una cinta infantil.

 

También vi Midnight Special (2016) de Jeff Nichols, que ciertamente le debe a Spielberg y al género de la persecución en la ciencia ficción (a pesar del mismo Nichols) pero también busca alejarse del infantilismo (no sólo el padre resulta ser una figura amenazante sino que, por extensión, también lo son otras figuras de autoridad, como el gobierno o la religión). Pero también aquí la representación de lo que imaginamos como un mejor futuro falla. Como Tomorrowland (2015) del infame pero entretenido Brad Bird, Nichols imagina una alternativa que coloca la utopía en nuestro propio plano temporal pero de forma velada (sólo basta imaginar y creer que hay una mejor alternativa para que se materialice; tristemente la imagen misma no da de sí, la “mejor alternativa” parece diseñada por Calatrava –significativamente, hay un plano que muestra una estructura carísima, erigida por encima de un supermercado icónicno de Nueva Orlean, recientemente clausurado).

¿Qué es, pues, la paternidad? La fe en que el mañana será mejor para nuestros hijos, dado que el presente no puede serlo (la familia de la cinta, aunque logra la simpatía de un personaje que evoca a Edward Snowden, es perseguida tanto por una secta como por el gobierno).

16.VII. 2018

Anoche vi parte de Carnival of Souls (1964) y algunos capítulos, los primeros cuatro, de Stranger Things (días antes volví a ver E.T. para seguir a tono con la nostalgia en su cruce con lo redituable). La serie de los hermanos Duffer es efectiva e increíblemente derivativa, como era de esperarse.

19.VII. 2018

El fin de semana terminé de ver Stranger Things. También vi Carrie (1976, basada en la novela de Stephen King) dirigida por Brian de Palma, que tiene momentos típicos de De Palma pero también la extraña imagen de un joven John Travolta abusando físicamente de la joven que interpreta a su pareja (Nancy Allen, quien también es su malograda pareja en Blow Out). Nunca la había visto, pues nunca me había interesado, pero quise verla por algo que Stranger Things me reveló: la imagen del niño, del preadolescente y del adolescente que se encuentran en peligro físico no sólo estuvo presente en el slasher sino en gran parte del entretenimiento visual de los ochenta, en clave conservadora (se encuentran en peligro por su cercanía a las drogas –como en The Lost Boys o Near Dark–, al satanismo –como en The Gate– o la sexualidad). Curiosamente ninguno de estos elementos aparece en Stranger Things como un peligro para el espíritu conservador (a no ser por la sombra del alcoholismo o las drogas utilizadas en la ciencia) y lo más cercano al satanismo es el interés de un marginal en la fotografía. Al contrario, la encarnación del espíritu conservador de la serie, Ted Wheeler (Joe Chrest), es la figura que por estar desinteresada completamente en su familia y por colaborar con agencia gubernamentales, termina por colocar a su prole en peligro. Pero, al mismo tiempo, ese desinterés, ¿no habla de una rica vida interior, indispuesta a conformarse con lo que le ofrece lo cotidiano? No necesita abandonar a su familia (como Lonnie Byers) pues puede ignorarlos desde la comodidad de su cocina. El padre de la familia Wheeler es un nihilista: lo que hubiera ocurrido con Roy Neary (Richard Dreyfuss) de no haberse topado un día con ovnis.