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Divague: Revista de ensayo literario | Un poco mas box

Un poco mas box

Gargaras De Aguarrás

Mixta sobre papel 33.5×23.5 2015

Por Ernesto Cisneros

Acabo de ver una pelea de box. Una verdadera pelea de box. No sparring, no un espectáculo. No han pasado ni veinte minutos. Aún tengo las manos vendadas y la camiseta empapada en sudor.

Los vi desde las cuerdas, a unos centímetros de ellas, como si no las mereciera. Estaban en el tercer round, los miraba de reojo como con la vergüenza del intruso. Los segundos se alargaron y sólo podía mirar incapacitado para pensar. Un poco más y me conmoví, quería llorar.

Al final de los tres minutos, el menos ventajoso alzó la mirada como si buscara alivio en las grietas del techo y súbitamente bajó la cabeza como si quisiera arrojarla contra el piso, le bastó escupir una flema que era más bien sangre. Largó un quejido que era pura entraña. El resto lo felicitó insinuando saber que todo había terminado. Él sólo exhaló diciendo “uno más, uno más” y no chocó los guantes. Uno más. Ciento ochenta segundos más. Comenzó y una sensación de oquedad se apoderó de mí. Fue imposible no anticipar lo que vendría.

Habrá quien diga que fue una masacre. Los guantes blancos del más hábil teñidos de rojo. Las gotas de sangre, sudor y moco cayendo sobre el piso del ring. El gorgoteo en las bocanadas que ahogaba en su garganta. El mejor peleador del gimnasio dando la media vuelta como si no pudiera soportar la visión.

Aún así, lo vi con la mirada fija en los puños ajenos, lanzando su rostro hacia el guante como si quisiera dañar el vinil blanco con su cara: interceptando un proyectil a medio camino con su frente, con la mejilla, o ya -de perdida- con la nariz. Con la certeza de que van a reventar cientos de vasos capilares en su nariz, que el tabique puede cambiar de lugar, que la inflamación en la ceja está a punto de reventar, que sus encías ya son carne viva, que puede terminar boca arriba.

En su cuerpo magullado encarnaba toda la franqueza del mundo, reconociendo que nada nos gusta más que pararnos frente a un tren. Que en el fondo sabemos que todo termina en dolor.

Nunca, nunca en la vida vi tanta humanidad.