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Divague: Revista de ensayo literario | Reaparecer

Reaparecer

Reaparecer

“Land of confussion”, técnica mixta sobre papel, 40×50 cm, de Daniel Neufeld.

Por Lizeth Arámbula

Sientes la rabia, parece que todo está en tu contra,
crees que estás a solas, pero aquí hay otros como tú…
One, two, one two three, four!

Cortinilla de Raw Power Radio

Recientemente me mudé a casa de mi mamá, y, desde entonces, dejé de ocuparme de mí para distraerme con la vida de otras personas (también con la de los perros del parque). No puedo decir que volví a vivir con ella porque nunca vivió con nosotros (con mi papá y conmigo; o con mi abuela, sus hermanos y conmigo). Si asistía a casa, o no, no lo recuerdo. Regresaba sólo para descansar del hospital en el que era jefa de enfermeras del turno nocturno. Ahora que se ha jubilado todavía es frecuente escucharla contar la anécdota de la nave que aparecía suspendida afuera del piso siete, en las madrugadas, y de cómo ella y sus compañeras iban y venían de un pasillo a otro para ver a los extraterrestres alejarse a la velocidad de un chasquido y desaparecer arriba del Cerro del Cuatro.

Crecí en un rectángulo con una fachada de ladrillos, chimenea y techo a dos aguas simulados en el que mi abuela y yo compartíamos la cama; me gustaba echarle el brazo sobre la panza y así lo hice al menos hasta que cumplí diez años, nació mi hermano y dos de los tres tíos se casaron (Antonio se juntó con una muchacha, mandaron a Laura a Estados Unidos y a Alfonso le otorgaron un crédito con el que compró una fracción de rectángulo en la colonia popular Miravalle para vivir con su esposa y mis primos).

Cuando cumplí doce me cansé de esperar a mi mamá y de las órdenes de mi abuela:

No le marques, está ocupada.

Está trabajando.

Le cambiaron la guardia.

Fue a pagar una manda a Talpa, no va a esperarte si te cansas.

Está en clase.

Está dormida.

Mi mamá compró la casa de al lado y yo empaqué mi ropa, le marqué a mi papá y me fui a vivir con él.

Después me mudé a nueve departamentos y casas, en total. Viví al lado de mi pareja en el departamento perfecto: un amplio piso en Avenida México, ventilado, seguro, con tres habitaciones y clósets inmensos, hasta que nos separamos (pero luego volvimos y luego nos separamos y luego nos comprometimos y luego nos separamos y así unas sesenta veces).

Cuando tuve dificultades regresé a casa de mi mamá. Avergonzada, platiqué con mis amigos, quienes pretendieron resolver mis problemas poniéndose a sí mismos como ejemplo: debes gastar tus ahorros y tu sueldo con imaginación. Debes preguntarte: ¿Soy feliz? Debes considerar que a los treinta años puedes reaparecer: Ya vine, me tardé (veinte años) pero ya estoy aquí.

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