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Divague: Revista de ensayo literario | Línea recta

Línea recta

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Por Eunice García

Existen personas incapaces de esperar con gracia. Absurdas, estorbosas, amorfas, invadimos (con violencia) un lugar, jamás lo ocupamos. De vez en vez nos indican el sitio específico en que habremos de aguardar Un espacio perfecto, predeterminado. Calculado científicamente sin dejar de contemplar los principios básicos del feng shui. Y nosotros, los estorbosos, los inadecuados, simplemente lo estropeamos: nos cuelgan los pies del sillón ergonómico giratorio, apenas cabemos en la silla anatómicamente diseñada, y, en caso de hacer fila, irremediablemente obstruimos el paso, una salida de emergencia, quizás. Los altos (porque resulta que existimos en diversas presentaciones) taparán con sus cuerpos estirados el único cuadro que vale la pena observar en todo el lugar de espera.

Me gusta suponer que se trata enteramente de los genes. existe la posibilidad de que yo conciba un hijo (¡qué espanto!). Mi vientre crecerá de la forma más antiestética posible. Jamás conoceré la tierna redondez que se esperaría de una madre —esperar, esperar—. Del mismo modo, el feto crecería de manera incómoda. Los ecosonogramas revelarían una mancha extraña, retorcida. Un conglomerado de células sufriendo una espera propia y ajena.

Hay que aclarar que esta incapacidad de espera jamás equivaldrá a ser impacientes. Los absurdos aguardamos mansamente nuestro turno. Lamentamos en verdad causar pena a los que nos miran, y aún más a aquellos que no lo hacen y terminan tropezándose con nosotros. Callados, inmóviles, intentando hacer menos evidente nuestra discapacidad. Como quien oculta un muñón bajo una manga larga. Granos voluptuosos torpemente maquillados.

Cuando el periodo de espera es corto, uno puede arreglárselas de cierta forma. Se puede, por ejemplo, fingir que se mira con atención un reloj, que se lee un aviso, que se quita una inexistente pelusa del hombro. Pequeños objetos que vuelven menos absurda nuestra existencia. Un libro, un folleto, un chicle, un cigarro. La espera, aunque sin gracia, se torna menos ociosa.

También hay gente con mucha gracia: un don, una cualidad, una virtuosa espera. Sus cuerpos posan y terminan siendo una postal perfecta. Un afiche, un espectacular. Perfiles finos y cuerpos estéticos que embellecen aún más mientras hacen fila. Maniquíes vivos, modelos naturales. Gente inmundamente feliz.

Lo más triste (angustioso) es que en esta vida todo se espera. Se espera a un amigo, un turno en el banco, un lugar en el mundo.Probablemente nuestra nula capacidad para aguardar se debe a que nadie nos espera. En algún momento alguien esperó por nosotros en algún lugar. Luego no. Se rompe entonces el equilibrio en el mundo y la gracia desaparece. O puede que todo sea mentira y simplemente somos visualmente ofensivos para la humanidad.

Esperar: quedarse quieto hasta que algo suceda (mientras otro algo sin importancia está sucediendo). El intervalo que hay de una desgracia a otra. Días, horas, minutos, segundos, milésimas de segundo, años, siempre, nunca.