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Divague: Revista de ensayo literario | Las batallas de San Jacinto

Las batallas de San Jacinto

 

Las batallas de San Jacinto

Por: Francisco Mendez

Jacinto nació en  Kamien Slaski, cerca de Opole, Alta Silesia* siglo XIII.  Cuando los tártaros sitiaban Kiev, Jacinto avanzó al encuentro de los enemigos con un copón en una mano y una imagen de la Virgen en la otra, caminando sobre el agua sin mojarse. Era lo que se llama “el camino de San Jacinto”. Es tal vez la versión más llamativa de dicho pasaje, seguramente los hechos no fueron así, pero hoy hemos venido por la temeridad. Siendo santo, Jacinto se replica en topónimos, construcciones y monumentos. En 1836  Santa Ana es derrotado  por Samuel Houston  en San Jacinto, Texas, pero en América se cuenta otra batalla épica con la etiqueta del mismo Santo: es la Hacienda de San Jacinto en Managua, 1856: 120 soldados nicaragüenses-flecheros indígenas la mitad de ellos- derrotaron -pese a la diferencia- a 300 filibusteros bien armados. La adversidad no es sólo el escenario, es lo que incita al osado que no sabía que lo era.

Hay deportes que son una diversión, todos deben de serlo, yo me inicie en el balompié de esa manera, tenía entre 8 y 10, era un niño novato, (a esa edad ya hay pequeños que se distinguen por su habilidad) me sentaba  en la banca, esperaba la oportunidad para jugar. En realidad, en las ligas menores los chicos de la banca esperamos  la limosna, -somos malos pero pagamos nuestra cuota- entonces nos permiten unos lastimeros 5 minutos. Fue a base de entrenamiento y rudeza que comencé a ser visible para mi primer entrenador.

Mi tercer entrenador intentaba mostrarnos una filosofía, un sentido con valores, el gusto por el deporte;  pero nada sin el empeño y fuerza, él mencionó una vez que yo no era el más técnico de su plantel, pero que cuando le caía a un contrario, lo hacía sufrir, me llamo: alacrán. Suena a cumplido en la niñez.

Mi madre decía que mi carácter había mejorado a partir del futbol, era un niño explosivo e iracundo, no sé si el futbol me cambió, puede que sólo me haya balanceado. Ahora podía descargar  contra otros, aunque algunos, pudieran ser más rudos que yo.

Las canchas de barrio, las de unidad deportiva, se distinguen no sólo por su modestia.  En lo que era la Conasupo San Andrés se encuentra la Unidad o parque  San Jacinto: paredes pintarrajeadas, alambrados que se caen, mallas convertidas en tirlangas. Lejos quedó aquel día en que la inauguró el presidente de entonces,Calderón Hinojosa .

 En esta cancha no hay lugar para timoratos. Los niños de hasta 12 años piden una oportunidad, sólo 5 entran por equipo. En los buenos tiempos había que esperar 4, 5 o más turnos para entrar como reta, la sola espera podía intimidar a los principiantes. Así, más vale que te alíes de lo más selecto y fuerte si no quieres pasar más tiempo esperando que jugando.

* Zona comprendida en lo que hoy se conoce como Polonia-República Checa y Eslovaquia.

 

A las 10 de la noche se apagan las luces, es de 7:30 a 10 que se concentra el mejor nivel y el más tosco. Es que 7 es la hora en que  los obreros salen de trabajar.

¿Qué hace a los jugadores buscar las canchas más difíciles? Porque no se trata de ganar fácil, se trata de medirse contra lo más duro.

Creo que una sola vez había jugado en San Jacinto, no conocía a nadie y el ambiente no era invitante, pero algunas semanas después de mi primer juego en esa unidad, me encontré arruinado, habían asaltado mi negocio, mi socio me abandonaba, no tenía dinero, me sentía solo y sin opciones; si hubiera tenido posibilidad y gusto por el alcohol,  me habría desquitado llorando y  apretando una botella, pero ambas cosas me eran lejanas. Trabajar durante el día y por algunas noches, jugar en la cancha de cemento.   ¿Y qué hacer sin dinero los viernes y sábados por la noche? Nada mejor que San Jacinto, no sólo porque no costaría nada, si hubiera tenido un saco de boxeo para golpear, lo habría hecho hasta lastimarme los nudillos. Entonces, el fútbol y el ambiente adverso de la unidad de  barrio me venían bien.

 Un desconocido que aprieta la marca contra el que sea, es demasiada insolencia, sólo los fuereños e ingenuos  jugarían conmigo. Era desconocido y riesgoso para el resto, podría armar una gresca por no saber de quien cuidarme. Tiempo después me dijeron que había corrido con suerte  aquel día que enfrenté a tuco, el tipo me había quemado una mano con un cigarro y quería seguir jugando con el tabaco encendido.

De los chicos ingenuos recuerdo grandes noches en que se unían a mi 4 de esos jovenzuelos inofensivos,  juntos logramos sacar de la cancha a varios jefes del lugar. Esa es una de las esperanzas y maravillas del deporte: reventar a Goliat.

En esos tiempos alcancé uno de mis mejores niveles en cancha de cemento. Mi coraje me había alcanzado para ser respetado, las bromas y los amigos comenzaron a llegar, no por ello deje mi forma tozuda. Los amigos y algunos compañeros pensaban que no me detendría al meter el pie contra uno de ellos como contrario.

En esos tiempos conocí al Killer, no sé por qué lo llamaban así, (debía ser una burla aunque el tipo estaba lejos de ser una seda), killer no tenía trabajo, vivía con su esposa e hija en la casa de su madre, lo dejé de ver cuando consiguió empleo. El zurdo, debía tener más de 35, llevaba a su esposa a verlo jugar, –qué extraño pasatiempo para una pareja los sábados por la noche–; Guilo era un macho hablador, trabajaba en la construcción; el Rábano era cargador y boxeador; esbelto, con agilidad espectacular en la portería y fuera de ella, después me dijeron que había engordado pues cambió el consumo de drogas por el de alimentos; hace poco conocí a calavera: largucho, flaco, desparpajado como varios en la unidad; callado y hábil, pero su principal distintivo es una cicatriz en el cachete derecho, creo que le recorre desde la cien hasta cercana la barbilla en un trazo curvo. Ferruco es como se puede imaginar,   viejo y acabado, entumido por los años, grande, no gordo pero sí pesado, lo vi hace poco lavando carros para la mafia de revendedores de autos, supongo que es uno de sus chalanes. Manuel y  su hermano el cholo son limpiaparabrisas, no sólo ellos, toda su familia lo son, eso incluye a su padre que regularmente está drogado o borracho, la madre de los chicos y a la hermana.  Deben de ser 4 o 5 hijos, el mayor de ellos, el cholo, está ahora en la cárcel, quiso robar un cajero junto con su hermano pequeño, dicen que fue un acto tan estúpido que sólo se le pudo ocurrir bajo el efecto de alguna droga; el cholo era un buen chico, su apariencia impresionaba pero ni él ni ninguno de los hermanos  haría daño, –aunque quien sabe después de la cárcel.

Tengo más nombres e historias pero tenemos que avanzar a la portería contraria.

Siendo tan dura la vida, ¿qué hacen estos sujetos jugando con una pelota?  La verdad es que ni el futbol ni ningún otro deporte donde se sude y agite son más suaves que la vida, pero te pueden cubrir del frio, puedes tener reconocimiento, amigos; hay a quien en las ligas formales de amateur les pagan algo; si se quiere lograr eso y otras cosas hay que competir,  ¿quieres amistad, reconocimiento y diversión? No basta con ser bueno escondiendo el balón y tirando a la portería, tienes que pelear por la esférica, tienes que soportar los empellones, quitarte las patadas; puedes divertirte y sonreír(no soy de los que siempre logran ese estado); pero que no se olvide que aunque es un juego, nadie te quiere si no eres entregado.

¿Porque los chicos quieren ir a la guerra? Entre otras razones, para ser mayores, ¿es una situación autodestructiva? Puede ser, pero cuando quieres ser o estás acorralado,  atrapado como animal; no puedes desquitarte sentado escribiendo, leyendo o viendo televisión.  Luchar en la cancha y castigar a tu cuerpo se siente bien.

¿Miserable? Si usted cree que ese ambiente de unidad deportiva es miserable, debo decir que no todos son así, también hay tipos pudientes,  incluso más de uno podría ser un exitoso dealer.  Lo especialmente miserable está en encontrar consuelo en una cancha mugrienta los viernes y sábados por la noche, no tener nada mejor que hacer el día en que otros salen de fiesta, van con su novia a cenar, al cine, a bailar o al teatro.

¿Qué hay en esa cancha que atrae a los perdedores? ¿Qué tiene el fútbol que nos abriga? Los deportes hacen  pequeñas estrellas, incluso de barrio, si tu chica te dejó, si  perdiste el trabajo: puedes ir a jugar y con una buena dosis de furia y suerte podrías conseguir olvidar por un instante y ganar algo de reconocimiento, aunque puede que haga falta más que eso pues acaso el intento  termine en frustración.  En los tiempos en que estaba hundido, me sentía mejor cuando jugaba, hay un grado en que los deportes te permiten representar un papel, uno protagónico, no importa si eres lento, gordo, flaco o un poco torpe. o si tienes algo con que balancear eso.

¿El futbol en verdad nos cobija?

El balompié no es la madre que sienta en las rodillas a su pequeño. Es un juego y sonreímos antes, durante y al final de un partido, o lo hacemos algunas veces. Como también se sonríe cuando piensas que has vengado parte de la basura que te han hecho tragar.  No toda la vida es así, no para todos pero hay orillas y aun en ellas, en medio de esa tonalidad, se aprende a disfrutar.

Villoro escribe en  Dios es redondo:

El crack sólo existe rodeado de cierto dramatismo… Hay que haber sufrido lo suficiente para tener ganas de patear al ángulo. Sí, supongo que así es, y entonces nos preguntamos, si ganan tanto dinero, ¿por qué diablos siguen jugando al filo? Se meten en grescas, amedrentan contrarios como si eso fuera el barrio, se muerden, se jalonean aun si son televisados a niveles continentales. ¿Por qué esas malas prácticas? Nunca nadie me pagó nada por jugar, pero sí he jugado así por nada, ¿qué pasaría si  con eso pudiera sostener a mi familia?.  El fútbol se refina con el dinero, la tecnología, los médicos, la ciencia del deporte… sí, lo creo, pero el deporte y en especial estos donde te enfrentas en forcejeo cuerpo a cuerpo,   no dejarán de ser la representación más cercana a las contiendas épicas. Lejos quedaron las guerras por libertad y autonomía, no sé si algunos comprenden lo que era eso; hoy los héroes salen en televisión, soportan patadas hasta meter el balón en la portería, lo mejor del fútbol es, que para ser héroe, no tienes que saber hacer nada más, ni siquiera hablar con fluidez.

Hay quien piensa ingenuamente, que se juega por la convivencia, por ser aceptado en un grupo, pero sin tenerlo tan claro los jugadores sienten algo pues enfrente, en la otra cancha; se encuentran los enemigos, los ladrones que te quieren despojar, la autoridad que te acosa, los fantasmas de la niñez. Cada quien construye a sus enemigos  y no, no puedes dejarte de ellos.

Si aun siguen pensando que el futbol es una diversión (y no digo que no lo sea) que es como jugar a las canicas, sólo expondré una simple ecuación: para que un partido tenga forcejeo y se juegue al límite se necesitan  dos jugadores como yo. Si el resto tiene un poco de bravura, no se dejarán amedrentar y la rudeza se propagará por toda la cancha.