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Divague: Revista de ensayo literario | Hola, Beto

Hola, Beto

centro-16Por Lizeth Arámbula

Cada lunes me propongo no distraerme, concentrarme, obedecer. Me queda claro que tengo que obedecer, que a lo mejor hasta me gusta. Imagino cómo otras personas hacen de sus pendientes, su rutina, y fantaseo con educar a mis hijos en un horario de ocho de la mañana a nueve de la noche en el que transcurran, al menos, estas acciones: tiendo mi cama/me lavo las manos/tomo una siesta/elaboro una lista con las tres tareas anteriores.

No es mi primer intento. Preparé un horario a detalle que me permitía ver de cuánto tiempo libre disponía y su desperdicio incluso organizando cada media hora. Cumplirlo significaba no concederle un minuto al vagabundeo, ni a caminar en círculos sobre las taras que me constituyen. Frecuentemente me interrumpo/descuidada:

Si estoy manejando aseguro con la mano izquierda el volante/elimino con la mano derecha los mensajes enviados de mi teléfono celular. (Reconozco que hay campañas que advierten del peligro de conducir y manipular el aparato, que paso por alto).

Mastico chicle de menta/bebo Coca Cola de lata. Me recrimino por insistir en lograr tan absurdo maridaje.

Comienzo a lavarme los dientes, mantengo el cepillo entre las muelas y el cachete/voy a mi escritorio, reviso el contenido de mi bolsa.

Contesto una llamada (aunque trato de atenderlas lo menos posible)/repaso mis pendientes.

No me gusta bailar en las bodas/me gusta bailar pero en mi círculo social. De otro modo, la gente se casa y contrata a un DJ para amenizar su fiesta valiéndose de un repertorio en el que apenas y se cuelan melodías con declaraciones como:

Carmen, se me perdió la cadenita.

¿Dónde estás, dónde estás, Yolanda?

La hierba se movía.

Uno dos y tres, ¡tamarindo!

Este nuevo ritmo, ya todos lo saben: es la boa.

Métele La Wilson, métele La Nelson, jálale los pelos, ¡sácalo del rin!.

Fue en un cabaret donde te encontré.

Le doy vueltas a la disforia/Cuando ya no haya nada que transgredir la diversidad sexual valdrá puritita verga ¡Adiós comprensión del género! ¡Cerrado por performatividad!

Me ilusiono, «Tengo reputación de chica random» me digo, «A ver, voy a escribir que salí de la oficina porque tenía mucha hambre y que me dirigí a la cafetería pero a medio camino me decidí por la tiendita a la que le surten paletas de vainilla con membrillo, como las de antes. Que son mis favoritas y que la semana pasada no abastecieron. Que la semana antepasada el proveedor nomás llegó y las aventó al refrigerador y me puse a organizarlas antes de sacar la mía. Que cuando pagué me enteré de que el cajero se llama Beto porque la otra empleada le dijo: ‘Mira, Beto, una ardilla’.»

El chiste es no quedarse sin tema. Buscar el coctel, la colaboración, la  publicación del libro y su futura presentación en sociedad; la concesión del grado de escritor de parte los críticos más favorecidos del medio. No he visto que a nadie que hayan nombrado escritor luego le hayan dicho que no lo es. Puede pasar mucho tiempo y el escritor permanece y ¿no es eso lo que yo busco, permanecer?