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Divague: Revista de ensayo literario | Buenos para nada profesionales

Buenos para nada profesionales

Ocio y trabajo 3

Fuente: Archivo de Deisa Felix en Facebook

 

Por Jos Velasco

I

El Bungee Race es una especialidad del videojuego Worms en la que los jugadores se impulsan de una cámara a otra utilizando una cuerda bungee. En cada cámara hay un montículo que los gusanos trepan y del cual se arrojan quedando suspendidos de la cuerda elástica para ganar velocidad horizontal y vertical y así volar a la siguiente sección. En algún momento de la historia de este juego fui de los mejores del mundo en este peculiarísimo tipo de carrera cuya curva de aprendizaje es absurdamente alta. ¿Tenía posibilidades de convertirme en el número uno del mundo? Sí. Principalmente porque la cantidad de personas que se animaban a jugar este esquema era tan baja que prácticamente no había competencia. ¿Había nacido para ser un jugador profesional de Bungee Racing, para vivir de ello, mantener a una familia y pagar la universidad de mis hijos con la gloria de mis triunfos? Probablemente no. En ese entonces no había gente que pudiera vivir de jugar videojuegos, solo buenos para nada profesionales.

El salto

Sin embargo, entre turno y turno esos «buenos para nada» me enseñaron inglés, diseño, programación, multitasking y me dieron muchas horas de entretenimiento. Después de más de 15 años su comunidad le sigue dando mantenimiento al juego,  eso se llama amor.

¿Cuántos videojugadores profesionales cuyo ingreso depende principalmente de esta actividad serán considerados como buenos para nada por sus familias? ¿Cuántos de ellos se arrepienten de haber elegido esa carrera tan modernita? Después de todo, jugando se les va la vida.

II

La mayoría de los artistas son mediocres, no porque su trabajo tienda a ser malo sino porque no sobresale. ¿Un artista es mejor si no tiene competencia en lo que hace? Algunos artistas deciden innovar con la técnica en vez de con el contenido. Cuando las actividades de estos «maestros» se vuelven reproducibles, pierden el carácter de arte. Llega el punto en el que hasta una máquina puede hacer nubes de espuma. Luego llega alguien creativo a quien se le ocurre añadir su toque especial repitiendo el ciclo de lo no comercial (único e irrepetible) – comercial (reproducible) – no comercial (toque e$pecial).

foam-printer

Dinosaurio de espuma impreso

Estoy convencido de que la velocidad a la que se desarrolla el talento depende en buena medida de cada persona. Ciertamente hay factores que pueden empañar el avance del mismo, como los económicos y culturales, pero aún así tengo la certeza de que el talento encuentra grietas para florecer si se tiene el deseo.

¿Qué se necesita para profesionalizar las aficiones? Decisión. O un respaldo económico. O tiempo libre. O alguien que crea en ti más que tú y te obligue a crecer.

Dicen que los mejores artistas son ingenieros. ¿Será que la friega que se ponen para obtener su título convierte a las actividades artísticas en su descanso? La clase recreativa que más disfruté fue la de Apreciación Musical. En ella no había exámenes con números y código. Solo nos dedicábamos a escuchar grandes piezas musicales, y para mí era un refugio nutritivo.

Sin embargo, un refugio pierde su encanto cuando lo visitas demasiado. Hubiera sido una monserga tener que escuchar todos los días grandes piezas musicales. Yo lo que quería era ser ingeniero. ¿Será el arte un complemento de la vida profesional? La vida profesional debería de ser el complemento del arte. No me imagino mi vida sin consumir las películas que me gustan, las series, la música. No soy artista pero sé de las ventajas de vivir con una: no sé dibujar pero he sentido la tensión de alguien que vive del dibujo y eso ha hecho que disfrute mucho más consumirlo. Ahora que conozco más de comida me doy cuenta de que la mayoría de los chefs son unos buenos para nada al agregar condimentos que no saben mezclar. Hay que tener talento para decidir rebosar un corte solo con sal de grano y que  quede perfecto. El arte tiene que ver con transmitir de la mejor manera una idea sin que las faltas de ortografía te hagan ruido, los elementos gráficos estén mal posicionados y los condimentos sobren. La observación es fundamental para desarrollar el talento, pero meter las manos al barro de vez en cuando te hace apreciar mejor las esculturas de los profesionales del arte.

III

Yo fui el niño que escarbaba los pocillos entre las raíces de los árboles para jugar canicas. Ya que estaba todo listo para jugar… me enfadaba. Lo mío era preparar el terreno para que los demás jugaran y verlos usar mis construcciones. Hoy me gusta mucho organizar proyectos web. Lo que mejor sé hacer es facilitar la parte técnica que muchos de los que quieren armar una revista creen que deben de aprender para poder tener una revista. Al apoyarlos a superar este primer obstáculo abriéndoles camino, lo que les queda es ponerse a trabajar. Descubren barreras que no pensaban superar, como la edición de contenido o la monetización de su proyecto. ¿Será entonces que su verdadero amor por tener una revista no existía? ¿Estaban enamorados de la idea de tener otra vida?, ¿de ser llamados Editor de la revista? Yo me pregunto cuánto talento hace falta para dejar de poner pretextos. Pareciera que en términos de la vida cotidiana la persistencia pesa más que el talento. Y hay ganas de hacer proyectos que solo se quedan en ganas.

IV

Siempre me gustó el sonido del piano, así que de adolescente tomé clases… de teclado. Me pregunto qué hubiera pasado si en vez de aprender de un señor que amenizaba un restaurante con ritmos latinos automáticos hubiera tenido frente a mí a un director de orquesta y un piano de cola. Seguramente me habría abrumado, pero lo habría intentado y apreciado más.

La exposición es importante, pero sé del enfado de algunos niños que son obligados a asistir a múltiples clases por las tardes luego de sus múltiples clases por las mañanas para desarrollar sus «competencias». Padres que llevan a sus niños al gimnasio: no. Me entristece ver niños convertirse en adultos abrumados por su agenda que no tienen tiempo para perder el tiempo, para construir un refugio en forma de casa del árbol, para equivocarse una y otra vez y decidir ser unos buenos para nada profesionales.