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Divague: Revista de ensayo literario | Adaptaciones y anécdotas de película.

Adaptaciones y anécdotas de película.

Diario de cine

 Por: Guillermo Núñez

16.V. 2016

 

Anoche vi una película interesante, ¡Salve, César! (2016) de los hermanos Coen, una fábula fársica que acompaña a su Barton Fink (1991), una cinta superior (en ella también aparece Capitol Studios). La cinta es protagonizada por un caricaturizado y atormentado Eddie Mannix (lo que le atormenta es dejar de fumar). Mannix, el persona inspirado en una figura histórica, ya había aparecido en pantalla en 2006, en Hollywoodland, interpretado por Bob Hoskins, quien ya llevaba pedigrí del noir nostálgico a cuestas, gracias a su paso por ¿Quién engañó a Roger Rabbit?

Cosa extraña: ¡Salve, César! me hizo querer ver Ben-Hur.

Han pasado más de quince días que escribiera en este diario. He visto muchas tonterías. Creo que sólo Horace and Pete ha valido la pena.

Otra cosa interesante de Hollywoodland: Diane Lane interpreta ahí a la amante de George Reeves, el actor que interpretó a Superman para la televisión, en los cincuenta. ¿No hace ver esto de otra forma la sub-trama de los “hijos de mami” en la película de Zack Snyder?

 

22.V. 2016

High-Rise (Rascacielos)

Imagen del film: High-Rise

 

Vi El rascacielos (2016) de Ben Wheatley, la adaptación al cine de la novela de Ballard. Cometí el error de verla en casa, a solas. Es decir, en un departamento. Fue el equivalente de ver una película sobre un desastre aéreo dentro de un avión. Coincidentemente, al salir del departamento para comer me di cuenta de que la nota pasivo-agresiva que un vecino le dirigió a otro sigue en su lugar (unos días antes la nota, anónima, apareció a la puerta del 201; en ella, pues la leí, se le pedía que “atendiera” a su perro y sus ladridos). El 201 respondió exigiendo que el autor anónimo tuviera el “valor cívico” de dar la cara para saber a quien dirigirse. No veo razón para que el enroque desaparezca: el perro seguirá ladrando, el indignado permanecerá en el anonimato. Lo único que se logró es crear una nueva e irresuelta tensión vecinal. Aunque sería una solución prudente no me a atrevo a retirar la nota de su lugar. Permanece ahí, pues, como una mancha de sangre sin lavar. O tal vez le dedico demasiado al tema, como el neurótico citadino que se indigna porque, desde hace meses, una coladera permanece abierta en alguna calle. Debo conceder, por lo tanto, que la película de Wheatley me hizo ver la realidad de otra forma, aunque su tono satírico diluye la potencia de la novela de Ballard (como siempre, la adaptación se toma más de una libertad, pero esa es la naturaleza de ese tipo de ejercicios). Incluso hay un optimismo en la película que no se encuentra en la novela: la cinta termina con la imagen de una burbuja explotando y se escuchan las sandeces de Margaret Thatcher, expulsadas como diarrea, por la radio. Se sugiere, pues, que el neoliberalismo es una fuerza pasajera, a punto de culminar.

Todo esto me hizo pensar en otra anécdota, sobre el cosmonauta Krikaliev, la persona que, contra su voluntad, ha pasado más tiempo en el espacio. En uno de sus escuetos comunicados a la Tierra, procurando mantener las formas con el Kremlin, se quejó agriamente por haber descubierto en la videoteca del MIR una película de ciencia ficción que trataba sobre un astronauta al que se le agotan las reservas de oxígeno.

 

También vi una nueva película de Bryan Singer (el mismo director El aprendiz, 1998 y de Operación Valkiria, de 2008) que podría leerse como una crítica al negacionismo del Holocausto (el villano persuade a un sobreviviente de destruir lo que aún queda en pie de Auschwitz –la cinta ocurre en una ucrónica realidad de 1983, cuatro años después de que lo que queda del campo de exterminio fuera declarado Patrimonio de la Humanidad). En la misma cinta el líder de los héroes (es otra película sobre superhéroes) reconoce que tenemos el derecho a olvidar pero aprende que es un error moral erradicar las memorias ajenas (es un telépata). Al mismo tiempo, la película niega la historia de las cintas que le preceden a la “franquicia” (o “saga”, como prefieren otros). ¿Se concede así que está bien negar errores del pasado si puede imaginarse un “futuro mejor”? La nueva película de Bryan Singer, en fin, es un nuevo error que no tiene mucho de nuevo (las mismas escenas de acción, los viejos y avariciosos intereses).

 

27.V. 2015

 

Finalmente vi La bruja (2015) de Robert Eggers, subtitulada “una leyenda de Nueva-Inglaterra”. Hay un juego interesante a lo largo de la película, donde se sugieren y erradican distancias constantemente. La cinta representa realistamente la piedad de una familia (suenan como fanáticos religiosos) pero pronto introduce elementos sobre-naturales, erradicando así la distancia, precisamente, con las leyendas de la Nueva Inglaterra de los 1630 (la mujer, entonces, es en efecto pérfida; las mentiras, aunque inocentes, pueden en efecto condenarnos, así como los pactos impíos); pero termina, en una vuelta de tuerca más, con una nueva distancia (la cinta procuró ser fiel a las leyendas, incluso en el diálogo). ¿Se ha escuchado una voz natural más perturbadora y rota que la de Ralph Ineson, en pantalla?