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Divague: Revista de ensayo literario | Achú-salud

Achú-salud

Achú-Salud

Sin título, de la serie “El vacío que nos une”, óleo/madera, 49×59 cm, de Daniel Neufeld

Por María Grover

Los insectos no estornudan, no es necesario que lo hagan porque no tienen pulmones que proteger, pero los humanos sí, y cada uno lo hace diferente aunque la onomatopeya generalizada sea Achú[ref]Otros idiomas: http://www.okodia.com/onomatopeya-estornudos/ [/ref] y la reacción más común sea desear (decir) Salud o alguna de sus variantes. Yo les he puesto atención, no porque me guste que me salpiquen, sino porque ha sido inevitable como lo es —casi siempre— un estornudo.

Mi segundo apellido es Pimienta y el chiste más común que hacían mis compañeros de la primaria, además de preguntar por la sal, era dar un concierto de falsos estornudos que sonaba cada que la maestra decía mi nombre al pasar lista. Mi mamá, tal vez para contrarrestar los efectos que su apellido me hacía sufrir, casi siempre, después de estornudar, cantaba (todavía lo hace): «Empiezo a estornudar y no puedo parar, yo digo e-e[ref]Sí, con e.[/ref]- ¡echú!…».  Jamás he oído la versión original, pero dice mi mamá que la cantaba Rita Pavone.

Mi papá es de los que dicen salud imitando el sonido del estornudo y eso ha propiciado, además de risas o reclamos, que yo escuche, no para imitarlo, sino por simple curiosidad, porque cada estornudo suena diferente; varía según el idioma, el tono de voz y el contexto en el que se encuentra el estornudante. Yo me he sorprendido al escuchar personas discretas estornudando escandalosamente y he dudado del género de otras al conocer su voz oculta, ésa que se utiliza sólo para estornudar, reírse y asustarse, entre otras situaciones reaccionarias.

Hace unos años trabajé como niñera con una familia de Boston. La mamá tenía ascendencia alemana y el papá, estadounidense, y, cuando alguien estornudaba en la casa, se oía «gesundheit», «bless you» y «salud». Yo lo decía en español para agregar una expresión más a la lista. Nos parecía divertido, aunque para mí dejó de serlo cuando sospeché que ésa era la razón por la que sólo limpiaban la casa cada quince días: a ver si con el polvo acumulado alguien estornudaba y teníamos la oportunidad de oír más seguido el popurrí de buenos deseos.

Cuando alguien a quien no puedo ver estornuda, me pregunto si será bueno decir algo, y me he imaginado toda una teoría de personalidad basada en esta situación: si dices salud y esperas que la voz te agradezca, haces las cosas por quedar bien y por compromiso; si no dices nada pero sientes que los gérmenes —o simplemente la saliva— del estornudante llegan a ti, eres hipocondriaco;  si haces algún tipo de broma o te burlas por el sonido del estornudo, te gusta desafiar a la gente pero eres cobarde; si dices salud sintiendo vergüenza, eres una persona encantadora y nerviosa; si dices salud pero no esperas que te agradezcan, tienes personalidad filantrópica; si saludas y preguntas quién estornudó, eres divertido y espontáneo; si estornudas dos segundos después, eres empático; si el estornudo te es indiferente, eres distraído; si ninguna de las anteriores, eres inmune o, mejor dicho, insensible.

¿Y por qué y desde cuándo se dice una frase después de oír un estornudo? Los griegos solían decir «¡Vivid!», los romanos decían «¡Salve!» y el «Dios te bendiga» lo propuso el Papa Gregorio I durante una epidemia que hubo en Roma en el año 591. Avicena decía que, en cuanto se oyera estornudar, se debía pedir a Dios que apartara la enfermedad, actitud que podría parecer exagerada aunque, considerando la creencia de que el alma residía en el aliento, estornudar implicaba un posible riesgo de muerte. Ahora no es tan grave —aunque la famosa influenza hace poco fue motivo de alarma—, ya casi nadie piensa en el poder de las palabras y se dicen sólo por costumbre o cortesía. Aún así, la magia ocurre, ¿o a qué más se le podría atribuir que, cuando alguien nos desea salud antes de que estornudemos, el estornudo «se vaya»?

Y ¿por qué no se dice salud cuando alguien tose, si también tosiendo los gérmenes se dispersan y se siente como que se va a salir el alma? Incluso se explica —«Tosí» o «Es tos»— para rechazar la frase dirigida al no-estornudo, como si dicha invocación fuera exclusiva para actos-reflejos-convulsivos-de-expulsión-de-aire-desde-los-pulmones-a-través-de-la-nariz-y-la-boca. La diferencia es que el aire no sale por la nariz cuando se tose, pero yo diría que no hay que subestimar la peligrosidad de la tos, pero, cof cof, son ideas.

Yo digo «Gracias» y hay quienes se disculpan, pero ya se me hace mucho que la otra persona diga «De nada» o «No te preocupes», como si fuera a desarrollarse toda una conversación respecto al estornudo; puede ser incómodo, por eso entiendo que últimamente la gente prefiera quedarse callada. Por otro lado, también suele ser un detonador de conversaciones sobre ciertos temas, ya sea que el sonido resulte gracioso o parecido a otro, o que haga frío y se hable sobre el clima, o que se ofrezca un pañuelo y se hable de lo inusual que es que alguien porte uno en pleno apogeo de los desechables. Lo expectorable es que un estornudo siempre provoca intercambios, ya sea de palabras, de miradas, o, al menos, de gérmenes.

Se dice mucho sobre ellos: que se te puede salir el alma si no dices las palabras mágicas o los ojos si no los cierras, que alguien está pensando en ti, que es un augurio, que retenerlos ocasiona daño cerebral o auditivo, que estornudar después de tener relaciones sexuales previene embarazos[!], etcétera. Quién sabe si todo esto sea cierto[!], lo interesante es que ante cada situación, llámese estornudo o la vida misma, los humanos siempre encontramos razones para inventar costumbres. ¡Salud por eso!